¿Por qué los fideicomisos como el FISU le cambian la vida a mucha gente?

Compartimos una nota de Clara V. Zuñiga, con fotografías de Miguel M. Caamaño.

Con seguridad estas semanas escuchamos hablar bastante de los fideicomisos y sobre la intención que tiene nuestro gobierno actual de eliminarlos. Cuando supimos de esta noticia y nos enteramos que uno de estos fondos sería el Fondo Fiduciario FISU, quisimos poner el foco allí y aportar algunas reflexiones basadas en nuestra experiencia profesional y de investigación a partir de la cual, a lo largo de los últimos años, estudiamos y pusimos en práctica esta política. 

Y contarles, en definitiva, de qué se trata este fondo, qué busca, qué resultados obtuvo y, especialmente, cuál es su importancia. Consideramos que, lamentablemente, sobran los argumentos en contra de la existencia de este tipo de fondos. Y, que existe una estigmatización permanente sobre “el beneficio que genera para algunos pocos”. En el mismo sentido, notamos que se sabe muy poco alrededor de quiénes son los reales beneficiarios: los hogares que habitan en barrios populares.

Primero, conozcamos algunas nociones básicas al respecto como, por ejemplo: ¿qué es un barrio popular? Los barrios populares son urbanizaciones que, por lo general, no cuentan con servicios esenciales como el agua potable y la electricidad. Son barriadas donde prima la precariedad y el hacinamiento. Son urbanizaciones donde habitan hogares con una fuerte proporción de infancias. Y barrios que están a cargo principalmente de mujeres. 

No obstante, los barrios populares no son solo eso. También son barriadas que dependen de la organización para mejorar su condición de vida. Es la misma población que a falta de servicios públicos, como sucedió con el agua potable durante la pandemia, resuelve por cuenta propia la gestión y la producción de otras alternativas de servicio. (1)

Fotografía: Miguel M. Caamaño en Proyecto Habitar.

Sepamos también que quienes habitamos esta región (el conurbano bonaerense) especialmente si vivimos en la periferia, probablemente, convivimos con muchos de estos barrios, conocemos a sus pobladores o, incluso, vivimos en algún barrio que comenzó su historia de esta forma, sin infraestructura, sin servicios y sin viviendas adecuadas. Por tal motivo pensamos que es importante hablar de este fondo, de las injusticias que intenta resolver y lo cercana que nos debe resultar su existencia para muchos de nosotros. 

En esa perspectiva ¿a qué apunta la integración socio urbana? El FISU es un fideicomiso aprobado por ley que declara de interés general la integración socio urbana de los barrios populares. La Integración socio urbana es un conjunto de acciones que llevamos adelante quienes trabajamos en políticas públicas mediante la cual buscamos concretar mejoras barriales dentro de sectores populares en materia de equipamiento, infraestructura, servicios y espacios públicos en barrios populares. 

Fotografía: Miguel M. Caamaño. 

Alrededor de su historia, podemos decir que el primer paso fue la creación del Relevamiento Nacional de Barrios Populares (Re.Na.Ba.P), durante la gestión de Juntos por el Cambio. A la fecha el Re.Na.Ba.P contabiliza 6.467 barrios a lo largo de nuestro país, que antes de la existencia de este registro, no aparecían en los mapas. Ni siquiera en plataformas como Google Maps, herramienta seguramente muy utilizada por todos nosotros para trasladarnos por la ciudad. 

El segundo paso fue la creación de la Secretaría de Integración Socio Urbana, mejor conocida como SISU. Inicialmente, la SISU contaba con un presupuesto reducido que apenas alcanzaba para intervenciones de pequeña escala. 

Actualmente el financiamiento de esta secretaría se compone de fondos nacionales como el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), el Programa Argentina Unida por la Integración de los Barrios Populares -que proviene de porcentajes aplicados al impuesto a las grandes fortunas y al impuesto al dólar- y fondos internacionales como el fondo proveniente del BID que sirve al Programa de Integración Socio Urbana (denominado PISU). 

En relación a los avances que hemos alcanzado en el marco del FISU, podemos decir que, el 22% de los barrios populares, equivalente a 1.383.108 de habitantes, incorporó algún tipo de intervención. Entre 2020 y 2023, en total se ejecutaron 1386 obras que permitieron a 141.557 personas poder contar con una fuente de trabajo. (2)

Cabe mencionar que muchos de los trabajadores ya habitan en un barrio popular, por lo que esta política permite que un volumen grande de personas desarrolle sus tareas laborales cerca del lugar donde viven. Un dato no menor, si consideramos que una parte del personal dedicado a las obras son mujeres con infancias y adultos mayores a cargo.

Fotografía: Miguel M. Caamaño. 

Solo por citar el ejemplo del impacto de la inversión en materia de acceso a servicios, el FISU financió la construcción de 768.733 ml de red pública de agua, 540.567 ml de cloacas, 503.996 ml de electricidad y 177022 de gas. En cuanto a conexiones internas intralote: 75.725 de intras de agua, 37.187 de cloacas, 58.127 de electricidad y 8.575 de gas. 

La cuestión de la conexión de servicios intra lote en barrios populares no es menor, si tenemos en cuenta que son los hogares los que suelen asumir las obras al interior del lote existan o no redes públicas de servicio. Sucede que las principales prestatarias de servicios públicos de agua y electricidad en nuestro conurbano (AySA, ABSA, EDENOR y EDESUR) no tienen incumbencia dentro de los lotes. Tampoco en la extensión de redes sobre calle pública con ancho inferior a 4 ml y en vialidades que no cuentan con doble acceso. 

El FISU permite que las familias sin servicio público, puedan consumir y usar el agua dentro de las casas de forma segura. Facilita las tareas de aseo y limpieza y, el desagote del agua utilizada fuera de la vivienda. Colabora con energía eléctrica y gas para la preparación de alimentos, la calefacción y refrigeración, o mismo, priorizar el aseo. En definitiva, con el fondo FISU se concretan derechos humanos básicos, consagrados internacionalmente. Este es el fondo que se propone disolver. 

Como para cerrar, no hay discusión en que las políticas financiadas a través de fondos como el FISU son totalmente perfectibles, pero más que aceptar que sean borradas de un plumazo, es mucho más coherente discutir qué cuestiones son necesarias mejorar en el papel de regulación que cumple el Estado y el grado de eficiencia de las políticas públicas, si el sentido que se busca es mejorar realmente la calidad de vida de todas/os.

(1) Para ampliar la definición recomendamos consultar el Observatorio de Barrios Populares disponible en https://lookerstudio.google.com/u/0/reporting/0a127285-4dd0-43b2-b7b2-98390bfd567f/page/klATC

(2) Con el objeto de profundizar en los datos sobre inversión, sugerimos ingresar al Monitor de obras de Integración Socio Urbana, recuperado de https://lookerstudio.google.com/u/0/reporting/3b5376df-428e-4cb6-bdf7-a20026dfa23a/page/muTcD

Algo más sobre Clara V. Zuñiga, autora de esta nota:

Arquitecta y Especialista en Planificación Urbana y Regional. 

Docente FSOC UBA.

Becaria CONICET – IDAES UNSaM.

Contacto: clararq.zm@gmail.com

Academia.edu: Clara Zuñiga 

LinkedIn: Clara Victoria Zuñiga Mendoza

 

Algo más sobre Miguel M. Caamaño, realizador de las fotografías de esta nota:

Arquitecto y fotógrafo.

Especialista en fotografía documental y callejera FILO UBA y FSOC UBA. 

Investigador del Laboratorio Bioambiental de Diseño UFLO. 

Contacto: miguearq@gmail.com

WEB: https://www.fotografiayciudad.com/

IG: https://www.instagram.com/miguearq

Página: https://linktr.ee/miguearq

Comparte